La tragedia de la falta de novedades.
      Es el dditorial de GARA el 16/09/2003 sobre el tiroteo entre ETA y la Ertzaintza.


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      La tragedia de la falta de novedades

      Nada de lo ocurrido en el puerto de Herrera, donde ha resultado muerto el joven Arkaitz Otazua y heridos dos ertzainas, es esencialmente novedoso. No es nuevo que ciudadanas y ciudadanos vascos opten por la lucha armada como la mejor manera, en su opinión, de contribuir a que se respeten los derechos de Euskal Herria: distintas generaciones llevan décadas haciéndolo con las más variadas fórmulas de estructuración interna. Tampoco es nuevo que todos los agentes de la Ertzaintza estén en el punto de mira de ETA: así lo demostraron el atentado con coche-bomba del 9 de marzo de 2001 en Hernani y la muerte por disparos de dos ertzainas que regulaban el tráfico en Beasain el 24 de noviembre de ese mismo año. No son nuevas las emboscadas a fuerzas policiales ni lo es que en ellas muera alguno de los atacantes. No es nuevo, tampoco, que esa muerte se vea rodeada de oscuras circunstancias que, en ocasiones, nunca se acabaron de aclarar. También es una práctica común del Departamento de Interior del Gobierno de Lakua ocultar la identidad de presuntos militantes de ETA fallecidos para, jugando con el sufrimiento de decenas de familias vascas que tienen algún allegado huido de su domicilio, tratar de obtener una ventaja operativa. Las reacciones de gobiernos y portavoces políticos tampoco han supuesto novedad alguna. Lamentablemente, el dolor y el sufrimiento no son nada nuevo en Euskal Herria. Dolor y sufrimiento que hoy es especialmente intenso entre los allegados de Arkaitz Otazua, a quienes es preciso acompañar en el sentimiento. Tampoco son fáciles estos momentos para los heridos ni para Asier Mardones, a quien se relaciona con el tiroteo y busca la Ertzaintza.

      Ante los hechos concretos del puerto de Herrera, es urgente que se esclarezcan todos los extremos de lo ocurrido, la forma en la que se produjeron los hechos y lo acontecido desde que se produjo el intercambio de disparos hasta que se informó públicamente del hallazgo del cadáver de Arkaitz Otazua.

      En cuanto al violento conflicto que persiste en Euskal Herria, es tiempo ya ­mejor hoy que mañana­ de sentar las bases que posibiliten que se pueda encauzar por vías democráticas y pacíficas. En el Acuerdo de Lizarra-Garazi la mayoría política y social fue capaz de hacer un diagnóstico común del grave problema que nos afecta y de la forma de buscar caminos de resolución. Aunque la historia no se repita, sólo con cimientos similares a aquéllos se podrá construir la salida al actual círculo vicioso. -

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